Antes de Delirar...

Quisiera comentarte que mi locura me ha hecho escribir los textos mas variados que te puedas imaginar, son delirios sacados un poco de mi mente enferma y un poco de lo que veo, siento y escucho de esta sociedad desquiciada... Porque todos tenemos locuras y el mantenerlas en secreto no sirve de nada, si de todas maneras el mundo delira cada medio minuto.

Que disfrutes.
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27 de marzo de 2007

[[ Los obstáculos de nuestro camino ]]

Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca obstaculizando un camino. Entonces se escondió y miró para ver si alguien quitaba la tremenda roca. Algunos de los comerciantes más adinerados del rey y cortesanos vinieron y simplemente le dieron una vuelta. Muchos culparon al rey ruidosamente de no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo algo para sacar la piedra grande del camino.

Entonces un campesino vino, y llevaba una carga de verduras. Al aproximarse a la roca, el campesino puso su carga en el piso y trató de mover la roca a un lado del camino. Después de empujar y fatigarse mucho, lo logró. Mientras recogía su carga de vegetales, notó una cartera en el suelo, justo donde había estado la roca. La cartera contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino. El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron.

Cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar la condición de uno.

6 de marzo de 2007

[[ Yo... ]]

Yo no soy yo.
Soy esta
que va a mi lado sin yo verla;
que, a veces, voy a ver,
y que a veces, olvido.
La que calla, serena, cuando hablo
la que perdona, dulce, cuando odio
la que pasea por donde no estoy,
la que quedará en pie cuando yo muera.

[[ Vergüenza ]]

Si tú me miras yo me vuelvo hermosa
como la hierba a que bajó el rocío,
y desconocerán mi faz gloriosa
las altas cañas cuando baje al río.

Tengo vergüenza de mi boca triste,
de mi voz rota y mis rodillas rudas;
ahora que me miraste y que viniste,
me encontré pobre y me palpé desnuda.

Ninguna piedra en el camino hallaste
más desnuda de luz en la alborada
que esta mujer a la que levantaste,
porque oíste su canto, la mirada.

Yo callaré para que no conozcan
mi dicha los que pasan por el llano,
en el fulgor que da a mi frente tosca
en la tremolación que hay en mi mano...

Es noche y baja a la hierba el rocío;
mirame largo y habla con ternura,
¡que ya mañana al descender al río
la que besaste llevará hermosura!

Gabriela Mistral.

[[ Al perderte yo a tí, tú y yo hemos perdido ]]

Al perderte yo a tí, tu y yo hemos perdido:
Yo porque tú eras lo que yo mas amaba y tú porque yo era la que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes mas que yo: Porque yo podré a amar a otros como te amaba a tí pero a tí no te amarán como te amaba yo.

Ernesto Cardenal.

[[ Para quién escribo ]]

Para quién escribo? me preguntaba el cronista, el periodista o simplemente el curioso.

No escribo para el señor de la estirada chaqueta, ni para su bigote enfadado, ni siquiera para su alzado índice admonitorio entre las tristes ondas de música.

Tampoco para el carruaje, ni para su ocultada señora (entre vidrios, como un rayo frío, el brillo de los impertinentes).

Escribo acaso para los que no me leen. Esa mujer que corre por la calle como si fuera a abrir las puertas a la aurora.

O ese viejo que se aduerme en el banco de esa plaza chiquita, mientras el sol poniente con amor lo toma, le rodea y le deslíe suavemente en sus luces.

Para todos los que no me leen, los que no se cuidan de mí, pero de mí se cuidan (aunque me ignoren).

Esa niña que al pasar mem ira, compañera de mi aventura, viviendo en el mundo.

Y esa vieja que sentada en su puerta ha visto vida, paridora de muchas vidas y manos cansadas.

Escribo para el enamorado para el que pasó con si angustia en los ojos; para el que le oyó;para el que al pasar no miró; para el que finalmente cayó cuando preguntó y no le oyeron.

Para todos escribo. Para los que no me leen sobre todo escribo. Uno a uno, y la mochedumbre. Y para los pechos y para las bocas y para los oídos donde, sin oírme, está mi palabra.


Vicente Aleixandre.